IRENE GUERRA DE SAN ROMAN

Entrevista


IRENE GUERRA DE SAN ROMÁN


Ella reniega: ¡nuestra historia está mal contada! Ella trabaja: se hace patria con el ejemplo. Ella, su familia, han dado forma a una empresa que es una razón más para sacar pecho por el Perú

 

“Uno tiene que ser lo que es”

 

ANTONIO ORJEDA

 

El 92 lo acompañó en su intento por recuperar la democracia con el mismo ímpetu con que lo ha venido haciendo desde hace 37 años. El ingeniero y ex vicepresidente de la República, Máximo San Román, no se puede quejar. En realidad, Máximo está encantado. Sin Irene, su talento para el diseño de máquinas, no sería más que eso. Con ella –fruto de su vehemencia, tenacidad y a que apuesta a muerte por él- ha desarrollado una gran marca. Gracias a ellos (y ahora también a sus hijos), en 17 países hoy saben que la tecnología peruana es de primera.

 

Existe una frase injusta: detrás de un gran hombre, hay una gran mujer. Nadie mejor que usted sabe que esa gran mujer no está detrás, sino al lado.

Efectivamente. Yo entiendo el papel de la mujer y el hombre como un complemento extraordinario. En tanto ambos lo desempeñemos lo mejor que podamos, conseguiremos armonizar la solidez de la pareja. ¡Esa es mi experiencia! Y es mi experiencia la que me lo dice.

 

¿Qué la enamoró de Máximo San Román?

Su transparencia y sencillez. Él es un hombre extraordinario. Él estaba terminando la carrera cuando lo conocí, y lo vi inteligentísimo, proactivo, muy tierno, y nos enamoramos en un octubre y, al año siguiente, en setiembre, nos estábamos casando.

 

No se puede amar a quien no se admira.

Exactamente, y la admiración tiene que ser mutua. Parte de la solidez del amor está en la admiración: dejas de admirar y dejas de amar.

 

En 1992, en El Dominical, usted escribió una semblanza de Marcela Temple, esposa del entonces saliente secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar. Destacó su voluntad para apoyar a su compañero sin que se advierta su presencia. Usted también estaba hablando de Irene de San Román.

Quizás. Yo la admiro por su capacidad para desenvolverse en un ambiente tan complicado, porque ¡imagínate! Representar al personaje más importante de Naciones Unidas en su periplo por el mundo, realizando un trabajo tan delicado, y mantenerse en una posición tan propia de ella. Porque parece que no aparece, pero ella está ahí: es una mujer cuidando el mínimo detalle. La he visto…

 

Quienes la conocen, dicen lo mismo de usted: que es una pieza clave que ha optado por el perfil bajo.

Yo creo que se trata de un tema de compromiso y entrega. Si tú amas, tienes que buscar la felicidad de quien amas; y muchas veces hay que renunciar. Yo sé que tengo extraordinarias cualidades, pero, en esta pareja, el que tiene que brillar es Máximo.

 

Sin embargo, quienes la conocen también dicen que su sabiduría radica en hacerlo creer que es él quien manda…

No, no, no (ríe)… Uno tiene que ser lo que es. Máximo es el hombre más feliz del mundo siendo lo que él es, y yo contribuyo en eso.

 

¿Y dónde queda usted?

Al lado de él (reímos)… Viéndolo a él soy feliz, y él también hace lo mismo por mí: ¿Vamos a Tacora? ¡Vamos a Tacora! Y caminamos horas de horas. ¿Vamos a hacer deporte por las mañanas? Y vamos juntos. Por ejemplo, su último regalo de cumpleaños ¡fue extraordinario! Fue el 21 de junio, mi cumpleaños. Yo soñaba con ir a Caral, y fuimos: los cinco hijos, Máximo y yo, y disfrutamos. Caral, ¿te imaginas?

 

La ciudad más antigua de América…

¡Y tuve ese regalo! Así que, como verás, es una cosa que va y viene: tú me das y yo te doy, ¡qué bonito!

 

Tienen cinco hijos. Los cinco han pasado por la planta como practicantes de la empresa.

Intuitivamente -en mi papel de mamá-, he creído siempre que su primer entrenamiento debe ser cerca: como los pollitos, y ha sido maravilloso. Han ganado seguridad realizando labores mínimas. Hoy tenemos a nuestra última practicante (Carolina, de 21 años). Está en panadería, una de las unidades de trabajo de la empresa, y ahí va: perdiendo sus miedos. En cuanto el ser humano pierde el miedo, ¡el mundo es de él! De eso estoy convencida.

 

Ciertas familias de origen indígena, ni bien alcanzan el éxito económico, sienten que ‘se blanquean’. ¿Qué razones hay para que renieguen de su origen?

Mira, hay tantas cosas que han ocurrido en todos los años de nuestra historia, que lamentablemente no nos ayudado como sociedad. No nos han ayudado a conocernos a nosotros mismos. ¡Hay una historia del Perú mal contada! Llena de fracasos, de desdichas, de guerras no ganadas, de un inca que se acobarda ante un invasor, ¡falso! El inca jamás se acobardó, el inca fue traicionado por los españoles. El inca fue bondadoso, fue generoso… se me parte el alma al decir esto (los ojos de Irene se han mojado)… ¿Qué hizo el inca? Esperó una visita, se preparó con su mejor indumentaria y los fue a recibir. Él no fue a que lo mataran, él no fue a que lo despedazaran. ¡Esa es la verdadera historia!

 

¿Por qué no nos la enseñan?

Nosotros, por naturaleza, ¡somos cariñosos! Somos amorosos… Lamentablemente, esa historia fue mal escrita y mal contada, ¡y ahí empieza la tragedia del Perú! Los chicos aprenden desde niños que el peruano está aplastado, que el peruano es ocioso, que el peruano no se supo defender, que no supo luchar, ¡mentira! Fue traicionado, le tendieron una trampa: le dan la Biblia y él no sabe leer, se impacienta porque no entiende, porque no se puede comunicar, tira la Biblia y lo acusan de algo de lo que no es responsable. Yo creo que la historia del Perú hay que volverla a escribir.

 

Precisamente, el 91, usted presidió la organización de un simposio latinoamericano de PYME. En una de sus declaraciones habló del compromiso de la pareja: formar generaciones con mentalidad positiva y ganadora. Han pasado 15 años, ¿hemos evolucionado?

Yo creo que sí: sería injusto no reconocerlo. Ahora hay toda una tendencia al ‘emprendimiento’, y yo tengo la esperanza de que la revolución de la Internet, unida a la habilidad de los peruanos, nos va a traer sorpresas increíbles. ¡Nosotros somos curiosos! En su provincia, en su anexo, ahora mismo hay un joven en su cabina, investigando. Por eso hay que capacitar, informar y seguir preparando a los jóvenes, porque la única y verdadera revolución que tiene que haber acá, es la educativa. Y tiene que ser hecha con vehemencia, porque ya hemos perdido mucho tiempo.

 

El Perú necesita vehemencia.

El Perú necesita vehemencia, el Perú necesita concepto nuevos, el Perú necesita cambio. El Perú necesita ser revolucionario –en el buen sentido de la palabra-, y muy nacionalista, ¡por qué no! tenemos que querer lo nuestro.

 

¿Qué es Nova para usted?

Significa nuevo y era la marca de una máquina de coser que él me compró y a la que le agarramos mucho cariño. Máximo me encargó que buscase un nombre para nuestra primera máquina, y como me era difícil, me dijo: por mientras le voy a poner Nova. Era una amasadora, y se hizo tan famosa la marca, que hoy la amamos entrañablemente. Es nuestra marca y -para el orgullo de los peruanos- está en 17 países.

 

¿Cuál ha sido el momento más difícil de la empresa y cómo lo afrontaron?

Han habido muchos: en la vida del empresario, cada día es un día heroico. ¿El más difícil? Cuando Máximo optó por un rol político y yo tuve que asumir la empresa, ¡y ahí entró en juego el maravilloso rol de los hijos! Mi hija mayor, Katherine, se puso al frente; pese a su corta edad: ella aún estaba en la universidad, estaba haciendo su pasantía con nosotros, ¡y fue muy valiente! Asumió una serie de dificultades, y ahora son nuestros hijos los que están prácticamente manejando la empresa. Su padre y yo hemos pasado a ser una especie de consejeros. Estamos cumpliendo con nuestra tarea de enseñanza. ¡Mis hijos son maravillosos!