Entrevista
ELIZABETH ARMENDARIZ
Después de más de dos décadas casada, una ama de casa dejó atrás ambas categorías y halló en la minería una veta que la está colmando de felicidad. ¿Su secreto? La fidelidad
“No soy de las que se rinden”
ANTONIO ORJEDA
Si hoy fuese 13 de setiembre de diez años atrás, y pusiéramos frente suyo una foto de hoy, ella no lo podría creer. O quizás sí. Elizabeth Armendariz tiene una historia interesante que contar. Se trata de su vida, mejor dicho: de sus vidas; y esta, comenzó en 1998, siete años atrás…
Tenía 23 años de casada cuando se separó. Lo que siguió en su vida fue, literalmente, una nueva etapa…
Total.
Una nueva y exitosa etapa.
Yo creo que toda mi vida ha sido exitosa, no puedo quejarme. Aunque tuve una infancia dura.
¿Por qué?
Porque no siempre fue fácil: somos ocho hermanos. Mi padre, mexicano; mi madre, norteamericana. Migraron acá, trabajaron, pero hubo una etapa en la que mi padre no tuvo trabajo. Entonces cada uno hizo algo para salir adelante: una de mis hermanas pintaba y vendía sus cuadros en Miraflores, mi hermano trabajó en una relojería… y así fueron migrando todos. De los tres que nacimos en el Perú, solo yo me quedé, ¡definitivamente! Mi padre regresó a vivir aquí el final de sus días. Él amaba el Perú, decía que aquí estaba su identidad, y aquí también está la mía… Pero si bien no fue una infancia fácil, fue feliz: estábamos todos juntos, era muy divertido; y pese a que después ingresé a la universidad pero me casé y la dejé, igual considero que fue un éxito, porque mis hijos son dos estupendas personas, dos grandes amigos y son felices con lo que hacen; y eso a mí, como madre, me hace una persona de éxito.
Después de su separación, ¿imaginó que terminaría haciendo lo que hace ahora?
No. Pero no soy de las personas que se rinden –me viene de mis padres, los ocho hermanos somos así-, y sí, esta nueva etapa es buena, es exigente, y la amo: la amo, ¡soy muy feliz!… ¿Que me la esperaba? No, para nada.
Y ahora es una ejecutiva empírica.
Sí. Hay personas que se van haciendo a lo largo de toda su vida, gracias a muchas cosas y a sus principios: si uno mantiene su palabra cuando hace un negocio, el éxito está asegurado. Además, mi esposo comentaba muchas de sus cosas como empresario conmigo; yo diría que todas: las buenas y las malas, las partes financieras y las partes estructurales de su empresa (un laboratorio).
O sea que la universidad la hizo en casa.
Podríamos decir que sí. Y hubo una etapa -casi al final de mi matrimonio- en la que trabajé con él. Ya mis hijos estaban grandes, y fue divertido también.
Hoy, usted es la prueba de que una ama de casa se puede hacer cargo de una empresa de perforación minera que hace chimeneas subterráneas de hasta 500 metros.
Claro. Yo creo que una ama de casa es una persona con una imaginación inagotable, porque tiene que atender a los hijos, al esposo; siempre tiene que estar sonriente y muchas veces hacer maravillas con su presupuesto. Definitivamente es una financista, una decoradora, además de dulce, amable, amiga, ¡qué más! Y encima, da a luz, ¿qué más fuerza que eso? Ninguna, y eso nos prepara para ser capaces de cualquier cosa.
En su caso, su vínculo con la minería nace cuando en las vacaciones escolares acompañaba a su padre a las ventas que él hacía en provincias.
Sí, y es increíble, porque hace unos cuatro años, cuando me acerqué a una empresa para ofrecerle nuestros servicios, me encontré con un gran amigo de mi padre. Hoy en día es una de las personas a las que más respeto en este mundo de la minería, lo quiero un montón y siempre que tengo una duda, es a él a quien le consulto. Siempre me da una salida.
A él debe sorprenderla verla ahora.
¡Claro! A él le da mucho gusto: me alienta, me empuja a todo lo que podemos hacer como empresa y a lo que yo puedo hacer como persona.
Un buen día se encontró con un gringo que maneja una de las empresas de perforación minera más importantes de Estados Unidos y le propuso entrar al mercado local. ¿Por qué a usted?
Él me conocía de antes, de cuando estaba casada. Él sabía que nosotros teníamos muchos contactos, y me dijo: si tú consigues un contrato para una de mis máquinas –eran momentos en los que la minería estaba muy dura, y de las seis máquinas que tenía en Estados Unidos tenía operando solo una-, yo te doy la representación en el Perú y te dejo que tires para adelante y ya vemos qué es lo que pasa.
¿Qué año era?
El 98.
¿A qué se estaba dedicando?
A cocinar… (Elizabeth ríe) Sí, eso es lo que estaba haciendo. Me separé, y no soy de las personas que deciden vivir sin trabajar. No lo he hecho nunca ni lo haré… ¡y toco madera para que nunca me pase! Estoy segura que no.
Cocinaba para otros… ¿en un restaurante?
No. Pasé unas tarjetas –la cocina es una de mis pasiones, creo que cocino muuuy bien, ¡de todo!-, una amiga que es diseñadora me las hizo: chef a domicilio. Decidí no cocinar para no más de 20, 30 personas, y hacía las compras, conversaba con la señora de la casa, iba a su cocina, me metía, cocinaba y presentaba lo que ellas decidieran comer.
¿Cuál era su especialidad?
Todo: pescados, mariscos, comida peruana, mexicana, china, italiana, ¡me encanta todo lo que sea cocinar! Invento. Probablemente hubiera podido haberme dedicado a eso, pero esto me resultó mucho más atractivo.
¿Y cómo consiguió el primer contrato?
Conocía a una persona –Tim Henderson-, que era gerente de la Minera Yauliyacu. Lo llamé, me dijo que iban a hacer una licitación, que pusiéramos un precio, que no seríamos los únicos y que todo se haría a sobre cerrado. Me pareció justo, presioné un poco al gringo (Stu Blattner, hoy presidente de Tumi Contratistas Mineros y también de la estadounidense Stu Blattner Inc.) para que bajara un poco sus precios, le expliqué que nuestra realidad era diferente –que es cierto-, que había que cambiar algunas cosas en la cotización que estábamos presentando, enfocarla hacia la fidelización del cliente, y así fue. Ganamos por diez dólares de diferencia, y después, el hecho de que todo lo que planteamos lo cumpliéramos al pie de la letra, marcó la diferencia. Hoy en día, Henderson trabaja para la minera Glencore, está cargo de las minas en Mopani (en Zambia, África), y fue quien me escribió diciéndome que había muchas cosas por hacer en Zambia, que fuera a visitarlo. Fuimos con el gringo, y creo que ese es el megacontrato que Stu Blattner Inc. tiene hoy. Hoy tiene ahí diez máquinas trabajando, gracias a esta fidelización del mercado.
Hoy, Blattner le debe todo.
Ambos, porque él me enseñó mucho, me dio toda su confianza, toda la fuerza, y yo creo que hacemos una dupla espectacular en el mercado del ‘raise bore’.
A partir de ello realizó una capacitación bastante recia.
Sí. Lo primero que hizo, después de que conseguimos ese contrato, fue llevarme a Denver, en Nuevo México, por tres meses. El primer mes me lo pasé como ayudante en una mina. Entrábamos a las seis de la mañana, eran turnos de 12 horas. ¡Era invierno! Así que entraba de noche y salía de noche.
Entraba al socavón.
Claro. Pasé por mina, administración y taller. Un mes en cada área. Al taller fui para ver todo sobre el mantenimiento de una máquina, y más que nada, sobre el costo de cada repuesto. Así que cuando mi jefe de taller me dice: señora, necesitamos una prensa mayor para poder hacerle el servicio a los cortadores, yo sé de qué me está hablando.
Hoy, ha entrado al mercado brasileño y también al de Chile.
Al brasileño entramos hace tres años.
Gracias a su gestión.
Sí, porque en una visita a una mina a la que le daba servicio, un ingeniero brasileño me dijo que le interesaba contar con nosotros para proyectos hidroeléctricos en Brasil. Nos asociamos y logramos varios proyectos. Después, a él le interesó comprar la máquina y hoy, si necesita reparación o mantenimiento, los peruanos -los chicos que tenemos acá- van para allá y les hacen el servicio. En Chile sí estamos trabajando con dos máquinas.
Los prejuicios que hay en el mundo minero respecto a la mujer, ¿qué tanto fueron obstáculo a su carrera?
Al contrario, ser mujer en el mundo minero es una ventaja. Al comienzo se sorprenden, pero después viven encantados.
Después de haber comenzado a vivir esta experiencia, ¿cree estar en condiciones de tener una pareja?
Por supuesto que sí, pero cada cosa a su momento, y ahora no es el momento. Me encanta llegar a mi baño y encontrar un solo cepillo de dientes. |