MARÍA PÍA SABOGAL

Entrevista

Casada con un marino, partió con él adonde lo destacaron y, por amor, archivó su carrera laboral. A los 34 enviudó. Desactualizada y con dos hijos, volvió a la cancha. Hoy lidera una transnacional
María Pía Sabogal es pura sonrisa. Dinámica, nadie podría creer que 14 años atrás, la vida la paralizó. Ella, 14 años atrás, ni en su más loca alucinación se habría visto al frente de la operación que Continental Airlines tiene en el Perú (pero la vida es así). Abróchese los cinturones, que esta historia está a punto de despegar…

¿Cómo se hace para pasar de ama de casa a gerenta general de una transnacional?

Suena un poco complicado, pero no lo es tanto… Lo que pasa es que no pasé (de frente) de ama de casa: yo me inicié trabajando en la industria turística -durante cinco años, más o menos-, luego me casé y me convertí en ama de casa.

Se casó a los 19, a los 21 tuvo a sus gemelos; había iniciado ya su vida laboral en una agencia de viajes, pasó a una aerolínea, pero un par de años después, como se casó con un marino y a él lo destacaron a Chimbote…

Me fui con él.

Entonces lo usual era que adonde fuese el marido…

La esposa lo siga (ríe)…

¿Hoy en día lo haría?

¡Claro que sí!

¡Lo haría!

¡Claro que sí! Solo que ya no hay esposo (ríe)…

Lo siguió a Chimbote, ¿cómo fue su vida allá?

Si bien cuidaba a mis hijos, nunca estuve en realidad metida en la casa. Siempre traté de hacer otras cosas: me dediqué al deporte (jugó en la liga de voley de Chimbote), implementé una academia de aeróbicos (la primera en la ciudad, y en la que ella daba clases), abrí una pequeña tienda de ‘delicatessen’ (de alimentos importados). Traté siempre de mantenerme activa para no perderme en el mundo de la casa, pensando siempre que -en algún momento- podía volver a trabajar. Cuando mis hijos crecieran, ¿no?

Lo hizo también para evitar depender económicamente de su marido.

¡Exacto!

En eso estaba hasta que a los 34 años…

Enviudé.

Una tarde, le informaron que durante el almuerzo su esposo sufrió un infarto.

Y eso cambió todas mis perspectivas… ¡de un porrazo! Agarré mis cosas y regresé a Lima, con mis hijos de 12 años. Obviamente, con tantos años viviendo afuera, estaba desubicada.

No solo eso: también estaba desactualizada respecto al oficio que aquí realizaba.

Totalmente. Eran demasiadas emociones juntas. ¡Fue terrible! Me tomó un año recuperarme… emocionalmente, más que nada. Porque mientras uno no está bien emocionalmente, ¡no puede hacer otra cosa! Pero tuve la ayuda de muchos amigos, de mi familia.

¿Cómo enfrentó el tema? Sus gemelos tenían 12 años, ya podía conversar con ellos.

Fue muy duro para ellos. Primero, porque eran muy cercanos a su padre; y también porque éramos una familia que andaba de un sitio para otro, ¡siempre juntos! Y venir significó para ellos cambio de colegio, cambio de grupo de amigos, cambio de todo; y en una edad difícil. Pero lo tomaron de buena manera. Tuve mucho apoyo de mi familia.

Precisamente, una amiga la apoyó: le dio trabajo.

Sí, me dio la oportunidad de administrar una tienda de ropa de bebés: La Cigüeña, y bueno, eso me mantuvo ocupada; y ahí fue que comencé a sentir: “Quiero hacer otra cosa, quiero volverme a vincular al tema que yo conocía...”.

Sintió que daba para más.

Exacto. Sentía que no me iba a quedar sentada en la tienda, que podía salir a buscar lo que a mí me gustaba: el turismo, cosas relacionadas a la aviación; y fue en ese proceso que me entero de que Continental Airlines estaba viniendo al Perú. Entonces dije: “¿Por qué no?”.

Tenía varios puntos en contra: casi una década fuera del mercado.

Sobre todo que el cambio había sido bastante brusco, porque en la época en la que yo trabajaba todo se hacía a través de manuales: la computadora casi no se usaba. Entonces, fue aprender ¡todo! Desde las siglas de las ciudades hasta cómo vender los pasajes.

¿Sabía usar una computadora?

No mucho (ríe), así que me metí a clases. Aprendí Excel, aprendí todo lo que pude para actualizarme y poderme presentar a esa entrevista. Ahora, cuando trabajé en La Cigüeña, usaba la computadora, obviamente, ¡pero no los programas que necesitaba para trabajar en una línea aérea!

La aceptaron, pero le ofrecieron un sueldo menor al que ya tenía.

Correcto.

¿Por qué aceptó?

No sé… En ese momento yo empecé a confiar en mí; y también pensé que, si yo entraba a una aerolínea que recién iniciaba operaciones, yo iba a tener chance de ascender y de no quedarme solo en (el área de) Reservas.

Iba a entrar por el puesto más bajo.

Claro.

Al otro lado estaba dejando más bien el más alto.

Y con un sueldo mayor, que en ese momento lo necesitaba. O sea, no podía darme el lujo de menospreciarlo, ¡pero me aventuré! Siempre he sido una aventurera (ríe)…

Hay maneras más fáciles de enfrentar el problema, ¿no? Casarse con un ‘billetón’, por ejemplo.

Siempre lo he pensado (se mata de risa)… Me gusta luchar por mis cosas. Siempre he tenido un espíritu aguerrido; y bueno, tenía una motivación muy grande: mis hijos.

Su madre desde niña le inculcó la práctica competitiva de cualquier deporte, quizás ello también influyó.

Yo creo que sí: la disciplina es fundamental en la vida de cualquier ser humano. Si uno no está disciplinado, no puede lograr sus objetivos; y eso nos lo inculcaron a mí y a mis hermanos.

Así aprendió a asumir los retos, a enfrentar problemas.

Así es.

Vengan como vengan.

Sin temor. En la vida, todos tenemos problemas. Siempre los vas a tener, ¡estés en la posición que estés! Pero, si no sabes enfrentarlos en el momento, si prefieres esconderte o buscarles una solución rápida, al final no te vas a sentir satisfecho.

Asumió el reto: entró a Continental por el puesto más bajo y, en seis años, fue la gerenta general. ¡Cómo!

Yo siempre he mirado hacia delante. Cuando estaba en Reservas, miraba siempre a la gerenta de Ventas, y me parecía ¡guau! Para empezar: gerenta ¡mujer!, ¡en una empresa americana!, ¡y ella era peruana! Yo siempre la ayudaba, trataba de aprender de ella. Y ella, feliz. Entonces, cuando se fueron dando las posibilidades de ascenso, como yo siempre había participado activamente en todo lo que podía, tratando de aprender todo lo que podía…

¿Usted era una sobona?

No sobona, porque nunca le estuve serruchando el piso a nadie, pero sí tratando de colaborar en lo que podía; y llegado el momento, cuando se necesitaba a una persona en tal posición, ellas podían decir: “De repente podemos probar a esa chica”.

Le hice esa pregunta tonta porque por lo general, cuando ascienden a uno, el resto comienza a especular.

Claro: ¡Por qué yo y no ellos! Yo, de Reservas, pasé a Ventas -como ejecutiva-, éramos un grupo de trece y habíamos trabajado juntas durante tres años cuando se abrió la posición de gerente de Ventas; y cuando fui elegida, obviamente tuve ese temor: ¡Me convertía en jefa de mis amigas! De repente no me iban a aceptar… Ahí entró el tema del liderazgo, y también de darles la oportunidad de desarrollar todo el potencial que tienen. Como jefa, yo tenía que capitalizar todo eso; y como éramos amigas, me fue más fácil. Les di la oportunidad de expresarse, e hicimos un gran equipo de trabajo.

¿Cómo se aprende a ser líder?

No sé… Creo que es algo innato. Siempre me ha gustado liderar, desde que estaba en el colegio; si jugaba algún deporte, siempre me gustó sobresalir.

¿Qué incomprensible puede ser la vida, no? De no haber fallecido su esposo, quizás usted no habría descubierto todo el potencial que tenía.

Definitivamente. Uno nunca sabe de lo que es capaz hasta que no pasa por un hecho determinado de su vida… ¿Quién sabe? De repente me habría quedado tranquila, haciendo mi deporte, haciendo cosas… pero jamás habría pensado porque, es más, ¡yo jamás soñé con llegar a esta posición! Cuando entré a Reservas, la gerencia general estaba ¡tan lejos de mí! Pero así se dan las cosas, y me alegro mucho.

Tenía 21 cuando a su esposo lo derivaron a Chimbote y usted lo siguió. ¿Estaría hoy dispuesta a cambiar su rumbo por amor?

Insisto: ¡Yo creo que sí! Yo soy una fiel enamorada del amor (ríe)…

¿Tan importante es el amor para usted?

Definitivamente, sí.

¿Más importante que la gerencia general de una transnacional?

Llega un momento en el que también hay que darle la oportunidad a la gente joven, ¿no?


FICHA
Nombre: María Pía Sabogal Galdos.
Colegio: María Reina.
Estudios: Administradora hotelera del Instituto Santolalla.
Edad: 48 años.
Cargo: Gerenta general de Continental Airlines en el Perú.
Continental Airlines
Línea aérea estadounidense que comenzó a operar en 1934 como Varney Speed Lines. Con sede en Houston, hoy tiene más de 42 mil empleados.
Perú y el mundo
Atiende 266 destinos en América, Europa, Asia y Oceanía. En 1996 abrió su filial en el Perú, aquí da trabajo a 62 personas.