MARGOTH   VILLAVICENCIO

Entrevista

Debido a su entrega, a su honestidad, creyó que eso jamás le iría a pasar, pero ocurrió: la despidieron. Lloró un día, al otro se levantó. Hoy factura millones (y agradece a su ex empleador).
La oportunidad había estado siempre allí, ante sus ojos. Margoth no la vio sino hasta que la echaron de una empresa estatal en vías de privatización. La necesidad hizo que por fin viera ese camino que estaba aguardando por ella y que la ha convertido en una mejor profesional, en una mejor persona, en una mejor mamá. Con ustedes, el ‘motor y motivo’ del éxito de Service Prorecove, una empresa que crece y crece de la mano de cientos de ferreteros.

En el 94 usted tenía 40 años y, después de dos décadas trabajando en Sider-Perú, la despidieron…

Sí, para mí fue muy difícil.

¿Cuánto la impactó?

Mucho. Sentí que el mundo se me derrumbaba… ¡Yo no entendía! Decía: “He trabajado tanto, he dado tanto, he sido tan honesta… ¡no entiendo por qué me botan!”. Fue en la época de Fujimori, con la privatización.

No solo la echaron a usted, sino también a su marido.

A los pocos meses. En el fondo, yo pensaba que a mi esposo sí lo iban a botar…
¡Por qué!
(Ríe) Porque yo trabajaba en la oficina y él en el mantenimiento de la planta. Yo decía: “Si bien hay mucha gente (en la empresa), aquí, en Ventas, a mí me requieren”.

Se sentía segura.

Segura de que me quedaba. Pero no fue así.

¿En qué situación los encontró el despido? Su hija tenía 6 años.

Mi hija tenía 6, estábamos tratando de establecernos en Lima (habían llegado de Chimbote). Buscábamos comprarnos algo, pero vivíamos de un sueldo…

Y se quedaron sin sueldo. ¿Cómo fueron esos primeros días?

Créeme que el día que me botaron lloré muchísimo. Sentí que estaba en la calle, pero no fue así: a mí me botan un 25 de julio, y el 26 de julio, y eso es lo extraordinario en mi experiencia… (a Margoth se le ha quebrado la voz). Me emociono al contarlo, es que ¡fue terrible! Pero al día siguiente, ¡yo creé mi empresa!… ¿Sabes qué fue lo que a mí me hizo triunfar? ¡Mi honestidad! En esa época, el APRA primó mucho (en Sider-Perú). Se coimeaba mucho, y yo nunca acepté eso… Por eso hubo clientes que me apoyaron cuando yo salí: yo notaba que los clientes de provincias –de Ayacucho, de Juliaca, de Junín- depositaban dinero en la empresa y, como era una época de mucho libertinaje por parte de la cúpula directiva, a la gente de provincia ¡no le hacían caso! Los atendían cuando ellos querían. Había un vacío, ¡y ese vacío fue el que yo decidí atender!

¿Cómo nació la idea?

Dije: “¡Eso no puede ser!”. Conversé con mi esposo, teníamos que capitalizar ese vacío, y pusimos la empresa. Al día siguiente me llamó un cliente pensando que yo seguía en Sider-Perú. “Señor Sebastián, me han despedido, pero he formado una empresa. Si usted desea, podemos seguir trabajando juntos”. “Pero, ¿el precio es el mismo?”. “El mismo”.

Tenía 20 años en esa empresa. En todo ese tiempo, ¿jamás se le ocurrió iniciar algo propio teniendo toda esa información?

No.

Cómo es, ¿no? A veces, la estabilidad laboral aletarga.

Te pone parámetros…

La capacidad de riesgo, se anula.

Es increíble…

Entonces, fue su honestidad la que hizo que Prorecove surgiera.

Mi honestidad y mi persistencia. Los clientes comenzaron a depositar (el dinero para sus pedidos de acero a Sider-Perú), ¡yo me quedé admirada!

Empezaron en una oficina pequeña.

Con un teléfono y un escritorio.

¿Cómo explica su crecimiento?

Ha habido mucha persistencia. Hemos tenido muchas caídas.

¿Cuál fue la peor?

Cuando nos robaron un trailer con fierros por 35 mil dólares.

Ofrecían material de construcción sin contar con un almacén. ¿Cómo hacían?

Hacíamos ‘joint venture’: como yo conocía a los clientes y ellos tenía fe en mí, a unos les pedía que guardaran mis fierros en sus almacenes -para que otros clientes pasen por ellos-, a cambio yo les daba un mejor precio en otra cosa. Y como ya habíamos comenzado a sonar por nuestro prestigio…

Su buena imagen fue fundamental en esto.

¡La honestidad! Y también que pensamos mucho en el crecimiento del otro.

Claro, porque ustedes trabajaban con quienes eran malatendidos por Sider-Perú. Unían varios pedidos menores para hacer uno realmente importante y así ser atendidos de inmediato por la empresa; y esa idea, caló.

Así es, y seguimos avanzando; y quien ha estado siempre a mi costado ha sido mi esposo.

¿A cuánta gente despidieron de Sider-Perú?

Por lo menos a mil personas.

De todos ellos, ¿cuántos han surgido como ustedes?

Al inicio, 30 o 40. Pero poco a poco han ido cayendo… Lo digo con pena, porque nadie le desea el mal a nadie. Gracias a Dios, nosotros ¡seguimos! (su voz se vuelve a quebrar)… Disculpa, me emociono (ríe)…

No solo siguen, este año facturarán más de 10 millones de dólares.

Así es.

¿Cuánto era su sueldo en Sider-Perú?

Seiscientos soles… Yo me quedaba hasta tarde, llegaba a las ocho de la mañana y regresaba a las nueve de la noche a mi casa, a atender a mi hija.

Eso no fue considerado al despedirla.

No.

Pero, de haberse quedado, ¿cuál habría sido su sueldo ahora?

Yo ahora tengo mi casa, hemos comprado este local, tenemos otros activos, hemos comprado las herramientas necesarias para que la empresa funcione.

O sea que, al final, a usted le hicieron un favor.

A mí me hicieron un favor, definitivamente.

Y ha ganado mucho más que dinero.

He ganado consideración y respeto porque he hecho crecer a mucha gente: la mayor parte de las ferreterías a las que atendemos se siente muy agradecida porque hemos arriesgado. Este es un negocio de mucho riesgo, porque te encuentras con gente que te estafa, que te roba, que te extorsiona; y tienes un Poder Judicial que no te ayuda en absoluto… En un país como el nuestro, es muy difícil hacer empresa, pero se avanza siendo persistente, trabajando mucho, y pensando en el otro. Porque acá (en Prorecove), toda la gente es profesional. Esta empresa se ha forjado con gente competitiva. Nosotros capacitamos porque el crecimiento de nuestra gente hace que nosotros crezcamos. ¡La gente se siente agradecida! Y yo me siento contenta. Además, si mi esposo y yo hemos surgido, es por las permanentes capacitaciones que hemos tenido. Yo no me quedé en administración de empresas: tengo un máster en márketing, he seguido un programa de dirección y liderazgo, he estado en la China, en Harvard, he estudiado un curso de negociación… Todo eso me ha hecho crecer.

No bastan honestidad y talento.

No, porque tú puedes tener mucha experiencia, pero llega un momento en que la empresa crece tanto que -sin conocimiento- no avanzas. Por eso aprendes a elaborar un plan estratégico, cómo organizarte, a tomar gente con mayores competencias. ¡Eso te hace crecer!

Aprende a valorar a su gente.

¡Al principio, sufría! Yo decía: “Si contrato a este señor ¡me va a costar tanto!”. Ahora las cosas son diferentes: lo valoro.

Pasó por un despido violento, ¿cómo es usted a la hora de despedir?

Es muy difícil… Les cuento lo que me pasó a mí, les digo que cuando una puerta se cierra, otra se abre. Es difícil, pero hay momentos en los que hay que tomar decisiones muy duras.

Y la vida es dura.

Es muy dura.

¿Qué habría sido de Margoth Villavicencio si no la hubieran despedido?

Me hubiese quedado en un puesto -como profesional-, pero sin el desarrollo ni las competencias gerenciales que ahora he adquirido para hacer que mi gente y la organización crezcan; y para que yo, en términos personales, crezca también; porque yo siento que he crecido como persona.

Y se ha convertido en un mejor ejemplo para su hija.

Sí… Mi hija es la que me empuja. Ella siempre está pendiente de mí -de mi imagen, por ejemplo-; y mi esposo también. Yo creo que mi familia es lo mejor que tengo (la voz de Margoth se quiebra una vez más)…

Nunca le han dicho qué hace una mujer en un mundo de…

¡De fierros! Siempre, ¡siempre!
¿Y qué les responde?
Que estoy metida en esto porque es lo que aprendí a hacer.

¿Sus padres han tenido oportunidad de ver su crecimiento?

No.

Bueno, lo estarán viendo desde donde estén.

Eso yo lo sé… Yo sé que tanto mi madre como mi padre se sentirían muy orgullosos de cómo hemos crecido (Margoth se seca las lágrimas)…

Vamos a dejar aquí la entrevista para que usted no llore más.

¡Por favor! (nos matamos de risa)…


FICHA
Nombre: Doris Margoth Villavicencio Fernández.
Colegio: Nuestra Señora del Rosario, en su Cajabamba natal (Cajamarca).
Estudios: Administradora de empresas de la Universidad Nacional de Trujillo.
Edad: 54 años.
Cargo: Propietaria y gerenta general de Service Prorecove.
Service Prorecove
Empresa comercializadora de material de construcción. Margoth la creó en 1994 con cero inversión. Al principio fueron ella, su esposo y un empleado.
Crecimiento
Al mes venden unas 90 mil bolsas de cemento y 800 toneladas de fierro. Este año prevén facturar más de US$10 millones. Tienen 30 empleados.